Con los recientes apagones me di cuenta de la dependencia que tenemos de ciertas cosas. Son parte de aquellas necesidades creadas, porque hay una diferencia entre necesitar comer y necesitar ver televisión, la primera es una cuestión fisiológica producto del hecho de que se requiere tener una alimentación diaria para sobrevivir y la segunda es una necesidad creada, pues nadie muere por no ver televisión (aunque me declaro adicto a ciertos programas).El primer día de los apagones, un Jueves 19 de Abril, el cual se dio en todo el país, en primera instancia me dejo un poco asustado pues me encontraba en la calle manejando hacia mi casa cuando de pronto de forma paulatina se empezó a ir la luz, dejándome a oscuras, con un poco de miedo ante el hecho de manejar sin semáforos y a merced de la cortesía inexistente de los demás conductores.
Logre llegar a salvo, como por inercia presione el botón para abrir el portón eléctrico, el cual nunca iba a abrir sus puertas, pensé “Y ahora quién podrá defenderme” y sin nada que aparecía el chapulín colorado, me baje y lo desmonte, metí el carro y lo cerré.
En el barrio reinaba una oscuridad que no había tenido oportunidad de admirar en mucho tiempo, había un sonido que tenia tiempo de no escuchar “El Silencio”, era hasta cierto punto relajante y a la vez intimidante, pues no se sabe que esperar. Me quede pensando que pasaría si por alguna razón nunca más volviera la luz, ya que existe tanta dependencia de las computadoras y ciertas tecnologías. ¿Cómo ir al súper, al banco, a algún restaurante, al cine que tanto me gusta? En especial con la cuestión del dinero plástico que se utiliza con mayor frecuencia que el efectivo.
Luego me puse a pensar en la industria, la dependencia de maquinas para presentar productos terminados, que pasaría con las exportaciones y demás, supongo que la realidad nacional se vería afectada con un cambio drástico en la forma que conocemos como nuestro diario vivir.
Una de las cosas buenas de los apagones es que producto de la falta de medios de entretenimiento, nos encontramos conversando, con la familia, amigos, vecinos con los que quizá nunca hemos cruzado palabra alguna, lo cual me parece genial, compartir con la gente, pero resulta un poco triste la necesidad de un apagón para dejar de lado la televisión un rato y relacionarse con las personas a nuestro alrededor.
6 comentarios:
yo solo me di cuenta que se fue la luz un día, no me afecto porque donde estaba siempre había luz! jajaja, pero bueno... lo que hice el día que se fue la luz, pues... fue hablar por telefono! :D
Jajajajaja, el Chapulín colorado ya esta viejo Rau...
Tristes esos apagones... igual use candelas y pude seguir leyendo mis libros favoritos... que gracias al televisor me había dado pereza leer...
Y yo se que no muy beneficioso para mis ojos pero si para mi alma...
Por otro lado... eso de no tener luz para uno se convierte en un desmadre a pesar de que siempre hay algo por hacer...
Besos!
jajaja, oiga Damian y como es que donde estabas hubo luz? De que clase de privilegios gozas que no nos hemos dado cuenta? jajaja
así nos benefician a los que estamos en contra del TLC jajajaja di no... cuando estaba en mi casa había luz y en esta zona de heredia no se va a la luz, así que me tocó trabajar todos los días sin descanso jaja
A mí los apagones me sirvieron para parar, respirar y cambiar prioridades. Se puede decir que soy trabajólica y no tener luz hizo que retomara mis viejos pasatiempos.
Incluso una noche salí con un foco y mi perro a caminar un rato. Además era muy divertido ver cómo la gente se apuraba para llegar con luz a sus casas y no tener que manejar de noche. Lo malo -para mi rutina diaria, porque las pérdidas para el país son otros cien pesos-: que en mi sector no se respetaban los horarios de los cortes, y varias veces "#@..." a la empresa.
Si eso de los horarios a mi tambien me dio mucha colera pues uno se trataba de coordinar en base a ellos, pero al final no se cunplian...
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